El Nuevo Currículo y la Escuela de Verano

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Por Lola Moreno

Durante el pasado mes de abril, el Ministerio de Educación puso en marcha un foro de debate con la comunidad educativa sobre el #Nuevo Currículo. A lo largo de cuatro sesiones, docentes de casi 40 centros de toda España hablaron de sus experiencias con las nuevas metodologías y también expusieron sus propuestas para la nueva ley de educación desde cuatro ejes principales:

¿Qué necesitan los centros educativos del nuevo currículo?

El papel de la digitalización y la tecnología en el cambio curricular.

La formación, la autonomía y el trabajo en equipo como base del perfil del docente del S.XXI.

La importancia de los tiempos y de los espacios como aliados indispensables en el cambio curricular.

Todos los seminarios resultaron interesantes ya que algunos de los centros hablaban después de llevar 10 años o más trabajando de manera alternativa a la tradicional clase magistral. Además, no solo resaltaron las bondades de las metodologías activas en las que se basan para conseguir llevar al alumnado al centro del aprendizaje, sino que también encontraron hueco para hablar de los problemas que conlleva trabajar así, como el exceso de tareas que supone, la falta de tiempo para coordinarse dentro del horario laboral, la carencia de información que vive la mayoría de las familias que hace que teman ante nuevas formas de enseñanza…

Día a día, la relación que encontraba entre los temas expuestos y los contenidos de la Escuela de Verano crecía. Como quedaría demasiado extenso plantear aquí un resumen de todas las experiencias y temas de los que se hablaron, me voy a permitir destacar dos aspectos que considero fundamentales y que se tratan con profusión en la Escuela: el perfil del docente del S.XXI y la necesidad de cambiar el modelo de evaluación. Ambas cuestiones llevan de la mano la inclusión de otras: la revisión del currículo para no repetir contenidos, la superación del concepto asignatura por otro más amplio que incluya el término “campo de conocimiento”, la organización de los contenidos en UDIS, la necesidad de formación continua, etc.

Pero me centro, primero, en el perfil del docente del S.XXI. Algunos de los rasgos que más veces aparecieron a lo largo de las intervenciones de los centros invitados fueron:

Cambio de mirada del profesorado. El docente ha de  acompañar al alumnado, hacerle de guía. Para eso, debe conocer el currículo al dedillo, estar formado en metodologías activas varias y saber de neuroeducación para entender cómo aprende el cerebro.

Competencia digital. Debe conocer diversas herramientas para poder ofrecer en cada momento la más indicada o adecuada y favorecer el trabajo colaborativo.

  Ser consciente de la realidad que tiene entre manos y del peso que tiene nuestra profesión. Binomio educación / sociedad cambiante, tecnológica, etc. Nosotros debemos dar respuesta educativa, ser capaces de adaptarnos a nuestros alumnos para saber sacar de ellos lo mejor.

Capacidad de trabajo en equipo. Los docentes no podemos ser islas, debemos compartir nuestro trabajo y conocimiento. La libertad de cátedra no debe estar por encima del proyecto educativo del centro.

  Aptitud para atender las diferentes capacidades del alumnado teniendo en cuenta también las emociones, sobre todo por la Covid. Considerar la atención a la diversidad entendida como la individualización de las situaciones de aprendizaje, es decir, saber crear y trabajar en el aula para llegar a todo el alumnado. (El trabajo con UDIs lo permite y desarrolla).

Consciencia de estar formando personas. No se trata solo de transmitir conocimientos sino darles herramientas de futuro que desarrollen sus competencias para que ellos mismos puedan construir su propio aprendizaje y trabajar en equipo.

En cuanto al tema de la evaluación, es consecuencia directa del cambio de paradigma en el aula. Si trabajamos de otra manera, podremos evaluar aspectos que hasta ahora quedaban relegados. No se trata solo de buscar una nota numérica al final del trimestre obtenida tras una prueba escrita. Debemos tener en cuenta las competencias y para ello habrá que observar diferentes comportamientos, actitudes y aptitudes dentro del aula como la atención, el trabajo en equipo, el respeto a otras decisiones, la alternancia en el turno de palabra, etc. También la capacidad de autoevaluación, de revisión y mejora en los trabajos de los alumnos, por ejemplo. 

En el foro quedó reflejado de la siguiente manera:

Repasar la idea de evaluación. Incluir la evaluación formadora, cualitativa, no tan cuantitativa, la coevaluación y la autoevaluación.

Entender la evaluación como un seguimiento a diferentes procesos, no como la búsqueda de una calificación. Reconocer los procesos, con retroalimentación. Las TIC ayudan en este proceso.

La evaluación debe dar información continua sobre el proceso de aprendizaje. Usando la heteroevaluación, autoevaluación, etc. podemos obtener un informe competencial que llegue al alumno y a sus familias. El análisis de estos informes también permite revisar y rectificar lo que falla.

Evaluación flexible: criterios ágiles, orientativos para elaborar rúbricas sencillas.

Estos no fueron los únicos temas que se trataron. Aparecieron de manera repetida conceptos como la transversalidad, el uso de otros espacios (patios, biblioteca, hall, pasillos, etc.), la necesidad de flexibilizar los horarios (especialmente en secundaria),  la importancia de tener un equipo directivo con un liderazgo claro y un claustro motivado, etc.

Si quieres saber más y, sobre todo, si necesitas profundizar en alguno de estos temas, ven a pasar un par de días con nosotros en la Escuela de Verano Scooltic 2021 este 7 y 8 de julio. Hablaremos de UDIs, herramientas tecnológicas, evaluación competencial y más. Te esperamos.

 

Lola Moreno

Docente. Google Educator

TIC en Área de Humanidades

 

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